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Mejorar el sistema educativo. Una visión personal. Parte I
Pienso lo que me da la gana
Sacar a todo un país, con sus creencias, vicios y rarezas, del tercer mundo tecnológico debe pasar por algo que no implique un cambio de filosofía. Demasiadas veces se habla de copiar el modelo americano cuando ese modelo es inasumible en una sociedad que odia el riesgo e interioriza el fracaso. Si sacamos la cabeza para respirar lo haremos a la española; o a la gallega, o a la catalana. No somos chinos ni alemanes.
Si por algo se nos aprecia en el extranjero es por la creatividad y por la sociabilidad. Sin embargo tenemos una increíble falta de interés en aprovechar el tiempo. Nos parece que por estar más rato sentado en la oficina somos mejores trabajadores. No se nos puede exigir productividad, diligencia y responsabilidad porque somos mejores trabajando a nuestro ritmo.
Nuestros ingenieros más brillantes con una gran capacidad de trabajo en equipo suman horas en trabajos insulsos para fichar y pirarse a casa. Simplemente porque desde la Universidad se les enseña uno debe hacer lo que le mandan sin importar que se sienta motivado o no por lo que hace.
Tiramos talento. Lo tiramos porque desde la adolescencia hasta que se termina la carrera no estimulamos la capacidad de creación técnica. Echo de menos asignaturas en las que el estudiante pueda hacer lo que le salga de los huevos y donde la nota premie la inventiva y el tiempo dedicado en obtener el resultado. Parecemos ignorar que ya no valemos como las abejas obreras del mundo, los chinos hacen lo mismo en la mitad de tiempo por la mitad del dinero.
La única salida es estimular la capacidad de creación técnica dando libertad para buscar soluciones a problemas abiertos. Por si aún no os habéis dado cuenta de ello, es lo diametralmente opuesto a cómo está estructurado nuestro sistema educativo. Premiamos conseguir la solución más precisa de un problema cerrado. En una escuela de ingeniería un estudiante puede sacar puros dieces sin tener una sola idea brillante.
A mi hacer un examen me aburre. Lo que me gusta es invertir el tiempo que no tengo echando cuentas para saber si la última idea que se me ha ocurrido tiene o no alguna posibilidad. Si tuviera que pasar el resto de mi vida haciendo exámenes me pegaría un tiro en la boca.
Esto es lo que debemos cambiar primero.
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Opinión
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Sacar a todo un país, con sus creencias, vicios y rarezas, del tercer mundo tecnológico debe pasar por algo que no implique un cambio de filosofía. Demasiadas veces se habla de copiar el modelo americano cuando ese modelo es inasumible en una sociedad que odia el riesgo e interioriza el fracaso. Si sacamos la cabeza para respirar lo haremos a la española; o a la gallega, o a la catalana. No somos chinos ni alemanes.
Si por algo se nos aprecia en el extranjero es por la creatividad y por la sociabilidad. Sin embargo tenemos una increíble falta de interés en aprovechar el tiempo. Nos parece que por estar más rato sentado en la oficina somos mejores trabajadores. No se nos puede exigir productividad, diligencia y responsabilidad porque somos mejores trabajando a nuestro ritmo.
Nuestros ingenieros más brillantes con una gran capacidad de trabajo en equipo suman horas en trabajos insulsos para fichar y pirarse a casa. Simplemente porque desde la Universidad se les enseña uno debe hacer lo que le mandan sin importar que se sienta motivado o no por lo que hace.
Tiramos talento. Lo tiramos porque desde la adolescencia hasta que se termina la carrera no estimulamos la capacidad de creación técnica. Echo de menos asignaturas en las que el estudiante pueda hacer lo que le salga de los huevos y donde la nota premie la inventiva y el tiempo dedicado en obtener el resultado. Parecemos ignorar que ya no valemos como las abejas obreras del mundo, los chinos hacen lo mismo en la mitad de tiempo por la mitad del dinero.
La única salida es estimular la capacidad de creación técnica dando libertad para buscar soluciones a problemas abiertos. Por si aún no os habéis dado cuenta de ello, es lo diametralmente opuesto a cómo está estructurado nuestro sistema educativo. Premiamos conseguir la solución más precisa de un problema cerrado. En una escuela de ingeniería un estudiante puede sacar puros dieces sin tener una sola idea brillante.
A mi hacer un examen me aburre. Lo que me gusta es invertir el tiempo que no tengo echando cuentas para saber si la última idea que se me ha ocurrido tiene o no alguna posibilidad. Si tuviera que pasar el resto de mi vida haciendo exámenes me pegaría un tiro en la boca.
Esto es lo que debemos cambiar primero.
