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Guillem Borrell's Flying Circus, part I
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El jueves estuve en una fiesta de arquitectos, diseñadores y demás gente creativa en el Studio Banana. Allá por la tercera cerveza, hablando sobre los posibles inconvenientes de tener una pareja estable Leo me soltó que una vez te comprometes ya no haces actos absurdos. Le contesté casi sin pensar -estoy soltero y no hago actos absurdos. Un par de segundos más tarde reflexioné un poco: hace quince días llené mi piso de gente y me pasé varias horas haciendo cocktails y hacía unas horas había reservado hotel en León para pirarme de fin de semana gastronómico y fotográfico. Hago actos absurdos. Y mola.
¿Por qué León? Llevaba semanas con la idea en la cabeza: en León hay buen vino y se come bien, aunque poco variado. Realmente me vino el flechazo cuando, andando por la Av. Reina Victoria y pensando en una chica de León me crucé con una caja de níscalos de León. ¡Basta! Me grité. Tanto leitmotif tiene que ser malo para la salud. Aquella misma mañana reservé la habitación dispuesto a vivir una "aventura de pacotilla" (dícese de la aventura que uno tiene subido a un coche con el depósito lleno y con tarjeta de crédito, vamos, que no es ni aventura ni ná).
¿Qué decir de León? Que todas las ciudades del norte de la meseta se parecen. Centro pequeño que te cruzas en cinco minutos, un barrio lleno de bares y mucha historia. El resto de la ciudad es sencillamente feo. Afortunadamente llegué con tiempo de tomar unas cuantas fotografías con poca luz y mucha paciencia.
Cené bien, aunque Karla no me recomendó ningún restaurante terminé encontrando uno bueno yo solito: Palacio Jabalquinto. Menú degustación, caro pero interesante. El último plato fuerte, la carrillera de ternera con salsa de aroma al cacao era demasiado empalagoso después de tanta comida. Gasté más en comida que en hotel y no me arrepiento.
Me levanto con la sensación de ser el único despierto en toda la ciudad. Sábado, nueve de la mañana y ni una alma en la calle. Aún están regando las zonas peatonales. Cualquier fotógrafo sabe que la luz a esta hora es la mejor para sacar fotos claras.
Visita turística al interior de la catedral. Mientras el resto escuchaban a la guía hablando sobre la fabulosa restauración de las vidrieras yo seguía a lo mío con las fotos
Eran las once y tenía que dejar el hotel en una hora. Recordé el mapa y me dije -Oviedo está sólo a una hora en coche. Como me gusta conducir y soy un poco masoquista me hago el puerto de Pajares lloviendo a cántaros con la sensación que ahí llueve todos los días. Llego a las dos sin plan previsto y con hambre. Llamo a mi padre y me recomienda Casa Fermín o Casa Conrado. ¡A lo típico! Casa Conrado es un buen restaurante del que puedo dar una opinión pragmática: lo mejor es la comida. El trato fue mediocre y los comensales gente con mucho dinero y poco gusto. Antes de irme tuve ganas de plantarme en medio del comedor y gritar -señores, señoras. Por muchos abrigos de piel que las señoras o las fulanas hayan colgado en los percheros, si se ponen a fumar Ducados durante el aperitivo les da absolutamente lo mismo comer faves con almejas que una hamburguesa en el Burger King. ¿Por qué pollas piden un vino de cincuenta eurazos si han perdido el sentido del olfato?-. El paso siguiente hubiera sido rociarles a todos con napalm y prenderles fuego para que tuvieran una muerte horrible pero pasé.
Siguiente parada: Albacete.
Nota: Hay más fotos en el fotolog.
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El jueves estuve en una fiesta de arquitectos, diseñadores y demás gente creativa en el Studio Banana. Allá por la tercera cerveza, hablando sobre los posibles inconvenientes de tener una pareja estable Leo me soltó que una vez te comprometes ya no haces actos absurdos. Le contesté casi sin pensar -estoy soltero y no hago actos absurdos. Un par de segundos más tarde reflexioné un poco: hace quince días llené mi piso de gente y me pasé varias horas haciendo cocktails y hacía unas horas había reservado hotel en León para pirarme de fin de semana gastronómico y fotográfico. Hago actos absurdos. Y mola.
¿Por qué León? Llevaba semanas con la idea en la cabeza: en León hay buen vino y se come bien, aunque poco variado. Realmente me vino el flechazo cuando, andando por la Av. Reina Victoria y pensando en una chica de León me crucé con una caja de níscalos de León. ¡Basta! Me grité. Tanto leitmotif tiene que ser malo para la salud. Aquella misma mañana reservé la habitación dispuesto a vivir una "aventura de pacotilla" (dícese de la aventura que uno tiene subido a un coche con el depósito lleno y con tarjeta de crédito, vamos, que no es ni aventura ni ná).
¿Qué decir de León? Que todas las ciudades del norte de la meseta se parecen. Centro pequeño que te cruzas en cinco minutos, un barrio lleno de bares y mucha historia. El resto de la ciudad es sencillamente feo. Afortunadamente llegué con tiempo de tomar unas cuantas fotografías con poca luz y mucha paciencia.
Cené bien, aunque Karla no me recomendó ningún restaurante terminé encontrando uno bueno yo solito: Palacio Jabalquinto. Menú degustación, caro pero interesante. El último plato fuerte, la carrillera de ternera con salsa de aroma al cacao era demasiado empalagoso después de tanta comida. Gasté más en comida que en hotel y no me arrepiento.
Me levanto con la sensación de ser el único despierto en toda la ciudad. Sábado, nueve de la mañana y ni una alma en la calle. Aún están regando las zonas peatonales. Cualquier fotógrafo sabe que la luz a esta hora es la mejor para sacar fotos claras.
Visita turística al interior de la catedral. Mientras el resto escuchaban a la guía hablando sobre la fabulosa restauración de las vidrieras yo seguía a lo mío con las fotos
Eran las once y tenía que dejar el hotel en una hora. Recordé el mapa y me dije -Oviedo está sólo a una hora en coche. Como me gusta conducir y soy un poco masoquista me hago el puerto de Pajares lloviendo a cántaros con la sensación que ahí llueve todos los días. Llego a las dos sin plan previsto y con hambre. Llamo a mi padre y me recomienda Casa Fermín o Casa Conrado. ¡A lo típico! Casa Conrado es un buen restaurante del que puedo dar una opinión pragmática: lo mejor es la comida. El trato fue mediocre y los comensales gente con mucho dinero y poco gusto. Antes de irme tuve ganas de plantarme en medio del comedor y gritar -señores, señoras. Por muchos abrigos de piel que las señoras o las fulanas hayan colgado en los percheros, si se ponen a fumar Ducados durante el aperitivo les da absolutamente lo mismo comer faves con almejas que una hamburguesa en el Burger King. ¿Por qué pollas piden un vino de cincuenta eurazos si han perdido el sentido del olfato?-. El paso siguiente hubiera sido rociarles a todos con napalm y prenderles fuego para que tuvieran una muerte horrible pero pasé.
Siguiente parada: Albacete.
Nota: Hay más fotos en el fotolog.
