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Cosas que nos alejan de ser una sociedad civilizada. Parte sexta, Eurovisión
Pienso lo que me da la gana
Este año no he visto Eurovisión por la tele. De hecho, cuando accidentalmente zapeando advertí que, efectivamente, se trataba de ese espectáculo patético, cambié de canal con un "quita, quita".
El año pasado sí vi Eurovisión. Era una fiesta de disfraces donde había gays disfrazados de Nash -¿gays disfrazados de gays?-, un profesor de universidad disfrazado de Antonio Machín y Massiel en el cuerpo de un respetable padre de familia gallego (peluca incluida) entre otros. La única manera de conseguir que esta bazofia tenga cierto interés es tomárselo a chiste, porque es un chiste.
Reconozco que siento mucha lástima quien se toma en serio algo tan lamentable. Me niego a dejarme lavar el cerebro por tan inútil sentimiento competitivo. Tendría mucha más gracia si el concurso estuviera amañado como en los setenta. Si hay algo más patético que Eurovisión son los que se toman todo el tema en serio. Que si España no gana es porque somos unos incomprendidos, porque a eso de cantar no hay quien nos gane.
Terminó de perder toda la gracia cuando la organización amenazó de expulsar los países que lo tomaran con sentido del humor. Es la llamada cláusula Chiquilicuatre-Poier. ¿Cómo? ¿Que hay un modo de ser expulsado de Eurovisión? Puede ser nuestra salvación. Hay que llevar a alguno de los frikis que consiguen quince segundos de televisión haciendo el chorra en el casting de operación triunfo. Mejor aún, llevamos al Leonardo Dantés, y después de hacer su famoso baile del pañuelo que se baje los pantalones y marque alguna columna del escenario como si fuera un perro en celo. Seguro que así conseguimos que Eurovisión tenga mucho más interés para el mundo que ahora.
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Opinión
Este año no he visto Eurovisión por la tele. De hecho, cuando accidentalmente zapeando advertí que, efectivamente, se trataba de ese espectáculo patético, cambié de canal con un "quita, quita".
El año pasado sí vi Eurovisión. Era una fiesta de disfraces donde había gays disfrazados de Nash -¿gays disfrazados de gays?-, un profesor de universidad disfrazado de Antonio Machín y Massiel en el cuerpo de un respetable padre de familia gallego (peluca incluida) entre otros. La única manera de conseguir que esta bazofia tenga cierto interés es tomárselo a chiste, porque es un chiste.
Reconozco que siento mucha lástima quien se toma en serio algo tan lamentable. Me niego a dejarme lavar el cerebro por tan inútil sentimiento competitivo. Tendría mucha más gracia si el concurso estuviera amañado como en los setenta. Si hay algo más patético que Eurovisión son los que se toman todo el tema en serio. Que si España no gana es porque somos unos incomprendidos, porque a eso de cantar no hay quien nos gane.
Terminó de perder toda la gracia cuando la organización amenazó de expulsar los países que lo tomaran con sentido del humor. Es la llamada cláusula Chiquilicuatre-Poier. ¿Cómo? ¿Que hay un modo de ser expulsado de Eurovisión? Puede ser nuestra salvación. Hay que llevar a alguno de los frikis que consiguen quince segundos de televisión haciendo el chorra en el casting de operación triunfo. Mejor aún, llevamos al Leonardo Dantés, y después de hacer su famoso baile del pañuelo que se baje los pantalones y marque alguna columna del escenario como si fuera un perro en celo. Seguro que así conseguimos que Eurovisión tenga mucho más interés para el mundo que ahora.
