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Cómo tener una idea que quizás vale millones y no sacar ni un duro de ella..
Tecnología
Adrián y yo discutimos, volviendo a casa, una conferenica a Pau Garcia Milà; uno de los chavales detrás del EyeOS. La discusión era sobre si era razonable empezar un negocio tecnológico en Internet desde España. Mi visión siempre ha sido la misma: la facilidad para conseguir financiación en otros países como EEUU o Francia es mucho mayor que en España, donde el riesgo está visto como algo indeseable. No como una manera de conseguir grandes rentabilidades, por muy inciertas que sean.
Esta visión viene de mi experiencia trabajando con proyectos de I+D en una empresa tecnológica. Todo el mundo te da una limosna, pero cuando hay que invertir un par de millones de Euros (seamos realistas, muchas veces hay que invertir siete y hasta ocho cifras para llegar a un resultado significativo) todos empiezan a borrarse de mala manera. Existe la creencia que el negocio del siglo llegará por un golpe de suerte, no por esfuerzo, dedicación e inversión.
Adrián, sin embargo, me insistía que lo único que necesitas es una buena idea. Es lo mismo que dice Pau Garcia Milà.
Aunque los casos no sirven para nada recité de memoria todos los proyectos, buenas ideas en cada caso, que murieron por falta de dinero. El motor Stirling, el modelo de dispersión de contaminantes, el motor de búsqueda O(1)...
Pero cometí un error. Mencioné las ideas que yo creía que podían tener éxito, no las que realmente lo tuvieron. Internet, o lo puramente tecnológico, tiene como particularidad que una buena idea puede crecer por sí misma con mucho trabajo pero poco dinero. Luego, cuando el proyecto se convierte en realmente grande, un lo puede monetizar de manera adecuada. Es más o menos lo que ha sucedido con EyeOS.
Entonces me di cuenta que lo que me faltó en su día no fue una buena idea, sino el pensar que una buena idea puede realmente convertirse en un negocio. Es más o menos lo que pasó con los brevísssimos.
Hace ya unos años, cuando aún estudiaba Ingeniería Aeronáutica, la delegada de alumnos decidió crear una pequeña revista mensual para los alumnos. Era una revista bastante rudimentaria: un folio de color fotocopiado por los dos lados. En el pie del reverso había una serie de mensajes, en plan SMS, que los alumnos podían dejar de forma anónima. La manera de mandar estos mensajes para su publicación era bastante engorrosa: mandarlos por correo electrónico. Cuando uno quiere mandar un mensaje anónimo se corta bastante al pensar que lo está mandando con su propio correo electrónico. Entonces tiene que fiarse de quien lo recibirá y lo publicará. Al final no existía tal confianza y difícilmente se publicaban más de tres o cuatro mensajes.
Hasta que se me ocurrió crear una aplicación web porque por aquél entonces me había ya programado el blog con Django (todos los que sabemos programación web terminamos experimentando con nuestro propio blog; luego pasa lo que pasa). En esa aplicación había sólo dos casillas, una identidad y un mensaje corto de 200 caracteres. Incluso era más generoso que twitter. Aunque los mensajes se almacenaban todos en una base de datos, en la propia página se mostraban los diez últimos mensajes con autor. Todo de manera completamente anónima.
Y fue una revolución. El tráfico pegó un pico a la semana de ponerlo en funcionamiento y llegó a tener cien usuarios al día y miles de hits. Teniendo en cuenta que era una herramienta que sólo utilizaban los estudiantes de una escuela de ingeniería pequeña no está nada mal. Como era tan rudimentario que no tenía javascript para ver los mensajes nuevos había que actualizar la página así que las estadísticas de google analytics eran sencillamente impresionantes. Se montó toda una comunidad de usuarios que se pasaban mensajes entre ellos y había discusiones de todo tipo. Por supuesto insultos, coñas, enlaces a páginas de dudosa reputación y demás. La gracia era que, sucediera lo que sucediera, cualquier chorrada terminaba muriendo porque a los pocos minutos ya había más de diez mensajes nuevos. Es un espíritu parecido al foro random de 4chan. Todo esto sucedió en menos de dos semanas.
A principios del año 2007 había creado una aplicación web con todos los ingredientes de las que están triunfando ahora. No le di mayor importancia.
La delegada se quejó diciendo que esto daba muy mala imagen, que los estudiantes de la ETSIA, al igual que las princesas, no sólo deben ser honrados sino que además deben parecerlo. Entonces, por no discutir, decidí quitar los diez últimos mensajes y la casilla del autor dejándolo como está ahora
Lo hice por pura diversión, y fue divertido. De hecho se sigue utilizando y los brevísssimos son una parte muy importante de esa revista que se reparte entre los alumnos de la escuela de aeronáuticos.
Mi impresión es que, con un poco de espíritu emprendedor, esta idea podía haber crecido y tener éxito. O fracasar estrepitosamente, quién sabe. Pero requería tener esa ambición sana de pensar que lo que uno crea realmente merece la pena.
Para tener eso que llamamos éxito uno vale o no vale. Se ve que yo no valgo.
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Ingeniería
Adrián y yo discutimos, volviendo a casa, una conferenica a Pau Garcia Milà; uno de los chavales detrás del EyeOS. La discusión era sobre si era razonable empezar un negocio tecnológico en Internet desde España. Mi visión siempre ha sido la misma: la facilidad para conseguir financiación en otros países como EEUU o Francia es mucho mayor que en España, donde el riesgo está visto como algo indeseable. No como una manera de conseguir grandes rentabilidades, por muy inciertas que sean.
Esta visión viene de mi experiencia trabajando con proyectos de I+D en una empresa tecnológica. Todo el mundo te da una limosna, pero cuando hay que invertir un par de millones de Euros (seamos realistas, muchas veces hay que invertir siete y hasta ocho cifras para llegar a un resultado significativo) todos empiezan a borrarse de mala manera. Existe la creencia que el negocio del siglo llegará por un golpe de suerte, no por esfuerzo, dedicación e inversión.
Adrián, sin embargo, me insistía que lo único que necesitas es una buena idea. Es lo mismo que dice Pau Garcia Milà.
Aunque los casos no sirven para nada recité de memoria todos los proyectos, buenas ideas en cada caso, que murieron por falta de dinero. El motor Stirling, el modelo de dispersión de contaminantes, el motor de búsqueda O(1)...
Pero cometí un error. Mencioné las ideas que yo creía que podían tener éxito, no las que realmente lo tuvieron. Internet, o lo puramente tecnológico, tiene como particularidad que una buena idea puede crecer por sí misma con mucho trabajo pero poco dinero. Luego, cuando el proyecto se convierte en realmente grande, un lo puede monetizar de manera adecuada. Es más o menos lo que ha sucedido con EyeOS.
Entonces me di cuenta que lo que me faltó en su día no fue una buena idea, sino el pensar que una buena idea puede realmente convertirse en un negocio. Es más o menos lo que pasó con los brevísssimos.
Hace ya unos años, cuando aún estudiaba Ingeniería Aeronáutica, la delegada de alumnos decidió crear una pequeña revista mensual para los alumnos. Era una revista bastante rudimentaria: un folio de color fotocopiado por los dos lados. En el pie del reverso había una serie de mensajes, en plan SMS, que los alumnos podían dejar de forma anónima. La manera de mandar estos mensajes para su publicación era bastante engorrosa: mandarlos por correo electrónico. Cuando uno quiere mandar un mensaje anónimo se corta bastante al pensar que lo está mandando con su propio correo electrónico. Entonces tiene que fiarse de quien lo recibirá y lo publicará. Al final no existía tal confianza y difícilmente se publicaban más de tres o cuatro mensajes.
Hasta que se me ocurrió crear una aplicación web porque por aquél entonces me había ya programado el blog con Django (todos los que sabemos programación web terminamos experimentando con nuestro propio blog; luego pasa lo que pasa). En esa aplicación había sólo dos casillas, una identidad y un mensaje corto de 200 caracteres. Incluso era más generoso que twitter. Aunque los mensajes se almacenaban todos en una base de datos, en la propia página se mostraban los diez últimos mensajes con autor. Todo de manera completamente anónima.
Y fue una revolución. El tráfico pegó un pico a la semana de ponerlo en funcionamiento y llegó a tener cien usuarios al día y miles de hits. Teniendo en cuenta que era una herramienta que sólo utilizaban los estudiantes de una escuela de ingeniería pequeña no está nada mal. Como era tan rudimentario que no tenía javascript para ver los mensajes nuevos había que actualizar la página así que las estadísticas de google analytics eran sencillamente impresionantes. Se montó toda una comunidad de usuarios que se pasaban mensajes entre ellos y había discusiones de todo tipo. Por supuesto insultos, coñas, enlaces a páginas de dudosa reputación y demás. La gracia era que, sucediera lo que sucediera, cualquier chorrada terminaba muriendo porque a los pocos minutos ya había más de diez mensajes nuevos. Es un espíritu parecido al foro random de 4chan. Todo esto sucedió en menos de dos semanas.
A principios del año 2007 había creado una aplicación web con todos los ingredientes de las que están triunfando ahora. No le di mayor importancia.
La delegada se quejó diciendo que esto daba muy mala imagen, que los estudiantes de la ETSIA, al igual que las princesas, no sólo deben ser honrados sino que además deben parecerlo. Entonces, por no discutir, decidí quitar los diez últimos mensajes y la casilla del autor dejándolo como está ahora
Lo hice por pura diversión, y fue divertido. De hecho se sigue utilizando y los brevísssimos son una parte muy importante de esa revista que se reparte entre los alumnos de la escuela de aeronáuticos.
Mi impresión es que, con un poco de espíritu emprendedor, esta idea podía haber crecido y tener éxito. O fracasar estrepitosamente, quién sabe. Pero requería tener esa ambición sana de pensar que lo que uno crea realmente merece la pena.
Para tener eso que llamamos éxito uno vale o no vale. Se ve que yo no valgo.
