Gente lista hablando de sus cosas
Supercomputación
El martes estuve en la Real Academia de Ingeniería. Se celebraba el acto con el que Juan Antonio Zufiria, actual presidente de IBM para España, Portugal, Grecia e Israel, tomaba la plaza como académico de número. Su discurso de aceptación se tituló: La Supercomputación: Ampliando el Ámbito de lo Posible: un paradigma de los nuevos espacios de la Ingeniería al servicio del progreso. Fui invitado por mi jefe, que fue el encargado de la contestación.
Era un evento en el que gente muy lista se junta y habla de sus cosas, a los que voy con la esperanza que se me pegue algo y a cenar jamón de gratis. Lo de lista lo digo en serio. Juan Antonio Zufiria es considerado por muchos el estudiante más brillante de la historia de la escuela de Aeronáuticos. Digamos que está en otro nivel distinto del mío.
El discurso tenía, bajo mi punto de vista, una tesis clara: los ordenadores han hecho posible lo que antes era imposible y romper las barreras tecnológicas puede conseguir que la sociedad cambie significativamente. Hasta ahora los grandes ordenadores eran utilizados por gente como yo: investigadores con la intención de aprendar algo o construir algo. Sin embargo hoy empezamos a ver cómo estos cacharros tan exóticos y complicados de utilizar se emplean en Economía, Medicina o Farmacología. Zufiria puso el ejemplo de la gestión de la red eléctrica europea y de Watson.
Dijo algo parecido a que los ordenadores son una herramienta que está al servicio de nuestras neuronas, distinta de las demás, que están al servicio de nuestros músculos. Los ingenieros los hemos utilizado para lograr una vida más fácil pero ahora estamos ante el reto de crear un mundo más inteligente. Bueno, ahí le delató su deje corporativo porque "smarter solutions for a smarter planet" es el actual eslogan de IBM.
Fue un discurso interesante, habló de lo que es hoy mi trabajo y mi vida, pero pudo resultar algo aburrido para los profanos. Me gustaría centrarme en una parte de la contestación de Javier, que se limitó a propagar en el tiempo la idea de la capacidad de cálculo aplicada a la vida y de los efectos del aumento de las capacidades. Copio literalmente de la redacción de su discurso
Las disciplinas intelectuales pueden dividirse en dos grandes clases: las que podríamos llamar externalizantes, y las introspectivas. Las primeras tratan del mundo exterior, generalmente de la Naturaleza, y una de sus premisas es que los resultados deben ser, en la medida de lo posible, independientes del observador. Los ejemplos clásicos son la Física y la Química, las Ciencias Naturales y las Matemáticas.
La segunda clase la forman las disciplinas que se ocupan directamente del ser humano, como la Sociología, la Economía, las artes y, como representante extremo, la Filosofía. Podría pensarse que esta segunda clase es menos importante que la primera porque su sujeto es mucho más reducido. Lo más probable es que la Humanidad no sea un sujeto especialmente interesante ni singular en el esquema general de las cosas, pero no interesa porque somos nosotros y se trata de nuestra especie estudiándose a sí misma.
Las ciencias introspectivas tienen fama de ser blandas y faltas de rigor; al menos entre los practicantes de las otras ciencias. Se han citado muchas razones para ello tales como que las personas somos complicadas y que, por ejemplo, no hay ecuaciones que describan la sociedad. Todo eso es verdad pero el resto de los seres vivos y de los ecosistemas también son complicados y eso no ha impedido que la Biología y la Ecología se hayan ido conviriendo cada vez más en ciencias tradicionales.
Yo creo que el problema es otro. Las ciencias externalizantes son, al fin y al cabo, ventanas por las que miramos al mundo mientras que las introspectivas son espejos en los que nos miramos a nosotros mismos; y es mucho más difícil ser objetivo frente a un espejo que frente a una ventana.
Todo esto viene a que la Ingeniería se ha centrado hasta ahora en hacer útiles las ciencias externalizantes, con frutos tecnológicos espectaculares. Esa Ingeniería es la que ha hecho posible el mundo que conocemos y la inmensa mayoría de la Humanidad no podría existir sin ella. Un mundo de cazadores-recolectores tendría que estar infinitamente menos poblado que el nuestro. Sin embargo es verdad que la Ingeniería tradicional ha prestado poca atención a la Humanidad como objetivo directo de actuación. Si he entendido bien lo quenos ha dicho hoy Zufiria es que la teconología, y en particular la supercomputación, han llegado al punto en que la Ingeniería debería preocuparse de optimizar la Filosofía.
Es una proposición extraordinariamente interesante, que abre un mundo de nuevas posibilidades que no podemos despreciar pero que también está llena de peligros. [...] Por mi parte, jugando el papel de abogado del diablo, querría apuntar al menos un peligro. Uno de los rasgos más queridos y centrales de las ciencias tradicionales es su objetividad. En la Ingeniería ese aspecto es aún más crítico porque lo que hace un ingeniero tiene consecuencias prácticas y esas consecuencias son independientes de que la solución que adoptemos nos guste o no.
Sin embargo, cuando el objeto de la Ingeniería somos nosotros mismos, las reglas pueden ser algo distintas. No es que el problema cambie, las consecuencias siguen siendo reales y tan objetivas como siempre, pero la percepción de la sociedad podría ser otra y depender de aspectos estéticos o morales en vez de técnicos. Es algo que tenemos que pensar con cuidado y decidir qué camino tomar en caso de conflicto. Podemos relajar nuestra objetividad y adoptar a sabiendas soluciones subóptimas o podemos seguir ciñéndonos a las soluciones óptimas y afrontar las consecuencias sociales. Pero he dicho antes que, en este caso, estamos tratando con espejos y tanto los mitos clásicos como los cuentos infantiles nos avisan que los espejos que dicen la verdad son peligrosos y que no siempre tienen garantizada su integridad física.
La contestación aborda un problema con el que algún día nos encontraremos y que, según Javier, puede que yo viva. Puede que el desarrollo de las computadoras las haga más listas que nosotros. No es aún el caso. Nuestros cerebros tienen aún más FLOPS que el mayor ordenador del planeta con un consumo ridículo, de unos 20W, pero si la tendencia actual se mantiene esta situación cambiará tarde o temprano. Quizás la Ingeniería debería empezar a imaginar cómo conseguir que las máquinas piensen mejor para hacerlas mejores que nosotros. Luego podremos aplicar su "inteligencia" a nuestra vida para vencer nuestras propias limitaciones. Pero que una máquina pensara por nosotros tendría gravísimas implicaciones sociales y filosóficas, especialmente si empieza a darnos respuestas que no nos gustan o simplemente nos responde 42.
El martes estuve en la Real Academia de Ingeniería. Se celebraba el acto con el que Juan Antonio Zufiria, actual presidente de IBM para España, Portugal, Grecia e Israel, tomaba la plaza como académico de número. Su discurso de aceptación se tituló: La Supercomputación: Ampliando el Ámbito de lo Posible: un paradigma de los nuevos espacios de la Ingeniería al servicio del progreso. Fui invitado por mi jefe, que fue el encargado de la contestación.
Era un evento en el que gente muy lista se junta y habla de sus cosas, a los que voy con la esperanza que se me pegue algo y a cenar jamón de gratis. Lo de lista lo digo en serio. Juan Antonio Zufiria es considerado por muchos el estudiante más brillante de la historia de la escuela de Aeronáuticos. Digamos que está en otro nivel distinto del mío.
El discurso tenía, bajo mi punto de vista, una tesis clara: los ordenadores han hecho posible lo que antes era imposible y romper las barreras tecnológicas puede conseguir que la sociedad cambie significativamente. Hasta ahora los grandes ordenadores eran utilizados por gente como yo: investigadores con la intención de aprendar algo o construir algo. Sin embargo hoy empezamos a ver cómo estos cacharros tan exóticos y complicados de utilizar se emplean en Economía, Medicina o Farmacología. Zufiria puso el ejemplo de la gestión de la red eléctrica europea y de Watson.
Dijo algo parecido a que los ordenadores son una herramienta que está al servicio de nuestras neuronas, distinta de las demás, que están al servicio de nuestros músculos. Los ingenieros los hemos utilizado para lograr una vida más fácil pero ahora estamos ante el reto de crear un mundo más inteligente. Bueno, ahí le delató su deje corporativo porque "smarter solutions for a smarter planet" es el actual eslogan de IBM.
Fue un discurso interesante, habló de lo que es hoy mi trabajo y mi vida, pero pudo resultar algo aburrido para los profanos. Me gustaría centrarme en una parte de la contestación de Javier, que se limitó a propagar en el tiempo la idea de la capacidad de cálculo aplicada a la vida y de los efectos del aumento de las capacidades. Copio literalmente de la redacción de su discurso
Las disciplinas intelectuales pueden dividirse en dos grandes clases: las que podríamos llamar externalizantes, y las introspectivas. Las primeras tratan del mundo exterior, generalmente de la Naturaleza, y una de sus premisas es que los resultados deben ser, en la medida de lo posible, independientes del observador. Los ejemplos clásicos son la Física y la Química, las Ciencias Naturales y las Matemáticas.
La segunda clase la forman las disciplinas que se ocupan directamente del ser humano, como la Sociología, la Economía, las artes y, como representante extremo, la Filosofía. Podría pensarse que esta segunda clase es menos importante que la primera porque su sujeto es mucho más reducido. Lo más probable es que la Humanidad no sea un sujeto especialmente interesante ni singular en el esquema general de las cosas, pero no interesa porque somos nosotros y se trata de nuestra especie estudiándose a sí misma.
Las ciencias introspectivas tienen fama de ser blandas y faltas de rigor; al menos entre los practicantes de las otras ciencias. Se han citado muchas razones para ello tales como que las personas somos complicadas y que, por ejemplo, no hay ecuaciones que describan la sociedad. Todo eso es verdad pero el resto de los seres vivos y de los ecosistemas también son complicados y eso no ha impedido que la Biología y la Ecología se hayan ido conviriendo cada vez más en ciencias tradicionales.
Yo creo que el problema es otro. Las ciencias externalizantes son, al fin y al cabo, ventanas por las que miramos al mundo mientras que las introspectivas son espejos en los que nos miramos a nosotros mismos; y es mucho más difícil ser objetivo frente a un espejo que frente a una ventana.
Todo esto viene a que la Ingeniería se ha centrado hasta ahora en hacer útiles las ciencias externalizantes, con frutos tecnológicos espectaculares. Esa Ingeniería es la que ha hecho posible el mundo que conocemos y la inmensa mayoría de la Humanidad no podría existir sin ella. Un mundo de cazadores-recolectores tendría que estar infinitamente menos poblado que el nuestro. Sin embargo es verdad que la Ingeniería tradicional ha prestado poca atención a la Humanidad como objetivo directo de actuación. Si he entendido bien lo quenos ha dicho hoy Zufiria es que la teconología, y en particular la supercomputación, han llegado al punto en que la Ingeniería debería preocuparse de optimizar la Filosofía.
Es una proposición extraordinariamente interesante, que abre un mundo de nuevas posibilidades que no podemos despreciar pero que también está llena de peligros. [...] Por mi parte, jugando el papel de abogado del diablo, querría apuntar al menos un peligro. Uno de los rasgos más queridos y centrales de las ciencias tradicionales es su objetividad. En la Ingeniería ese aspecto es aún más crítico porque lo que hace un ingeniero tiene consecuencias prácticas y esas consecuencias son independientes de que la solución que adoptemos nos guste o no.
Sin embargo, cuando el objeto de la Ingeniería somos nosotros mismos, las reglas pueden ser algo distintas. No es que el problema cambie, las consecuencias siguen siendo reales y tan objetivas como siempre, pero la percepción de la sociedad podría ser otra y depender de aspectos estéticos o morales en vez de técnicos. Es algo que tenemos que pensar con cuidado y decidir qué camino tomar en caso de conflicto. Podemos relajar nuestra objetividad y adoptar a sabiendas soluciones subóptimas o podemos seguir ciñéndonos a las soluciones óptimas y afrontar las consecuencias sociales. Pero he dicho antes que, en este caso, estamos tratando con espejos y tanto los mitos clásicos como los cuentos infantiles nos avisan que los espejos que dicen la verdad son peligrosos y que no siempre tienen garantizada su integridad física.
La contestación aborda un problema con el que algún día nos encontraremos y que, según Javier, puede que yo viva. Puede que el desarrollo de las computadoras las haga más listas que nosotros. No es aún el caso. Nuestros cerebros tienen aún más FLOPS que el mayor ordenador del planeta con un consumo ridículo, de unos 20W, pero si la tendencia actual se mantiene esta situación cambiará tarde o temprano. Quizás la Ingeniería debería empezar a imaginar cómo conseguir que las máquinas piensen mejor para hacerlas mejores que nosotros. Luego podremos aplicar su "inteligencia" a nuestra vida para vencer nuestras propias limitaciones. Pero que una máquina pensara por nosotros tendría gravísimas implicaciones sociales y filosóficas, especialmente si empieza a darnos respuestas que no nos gustan o simplemente nos responde 42.

