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Autogiro
Economía
Para no traicionar mi costumbre otra vez he estado fuera del país durante las elecciones. A medida que me hago mayor me hago menos demócrata, no porque me haya vuelto fascista sino porque cada vez creo menos en su utilidad. Soy, en el fondo, un tecnócrata. No de los que ahora salen por la tele, que no son más que economistas que creen que sus decisiones tomadas al azar son mejores que las decisiones tomadas al azar de los demás.
Ha habido cambio de gobierno. So what. Nuestros problemas siguen siendo exactamente los mismos. Tenemos que pagar nuestra orgía de ladrillo y los bancos y sus banqueros insisten en no perder dinero durante el proceso. El consumo seguirá estancado porque no hay dinero en la calle y los periodistas seguirán señalando los culpables de turno. Pero todos pensaremos que un cambio de gobierno importa en algo.
Ya he oído en muchas televisiones, desde tertulianos en los desayunos de TVE hasta Mario Conde en Intereconomía, que mientras la culpa de lo que pasó en 2008 fue de Zapatero ahora los culpables son los mercados. Todos lo dicen como un sacerdote que pide perdon a su dios sacrificando un carnero en un altar. ¡Perdona nuestros pecados! ¡Haz que vuelva la lluvia! Ninguno aporta ninguna razón para nada y luego se embarullan en un nosequé de la prima de riesgo para darse la razón.
Que le echen la culpa a Zapatero, al muerto político, no va a arreglar nada. Tampoco hacía que llegara la lluvia sacrificar vírgenes en vez de carneros. Tampoco pensar muy fuerto que todo era un problema de confianza y credibilidad. Lo que parece que tenemos es una crisis de mediocridad. Parece que nadie en posición de hacer algo entiende el problema y quien realmente entiende lo que está pasando se está forrando con la situación.
Tampoco necesitamos a predicaemprendedores asegurando que esta es una gran oportunidad para hacer negocios. Ya sé que la dificultades sacan lo mejor de nosotros pero siempre en lo que respecta a la propia supervivencia, no a arreglar los problemas de los demás.
Ya hace tiempo que digo que esta situación no tiene salida, que lo que hemos vivido durante los últimos 70 años fue la estela de la Segunda Guerra Mundial. No hay una luz de seguridad social y pensiones para todos al final del túnel. No es involución sino la realidad.
Cada vez que lo pienso me gusta más la idea de la ingeniería social. Se ve que se nos da muy mal eso de gobernarnos.
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Ingeniería
Opinión
Para no traicionar mi costumbre otra vez he estado fuera del país durante las elecciones. A medida que me hago mayor me hago menos demócrata, no porque me haya vuelto fascista sino porque cada vez creo menos en su utilidad. Soy, en el fondo, un tecnócrata. No de los que ahora salen por la tele, que no son más que economistas que creen que sus decisiones tomadas al azar son mejores que las decisiones tomadas al azar de los demás.
Ha habido cambio de gobierno. So what. Nuestros problemas siguen siendo exactamente los mismos. Tenemos que pagar nuestra orgía de ladrillo y los bancos y sus banqueros insisten en no perder dinero durante el proceso. El consumo seguirá estancado porque no hay dinero en la calle y los periodistas seguirán señalando los culpables de turno. Pero todos pensaremos que un cambio de gobierno importa en algo.
Ya he oído en muchas televisiones, desde tertulianos en los desayunos de TVE hasta Mario Conde en Intereconomía, que mientras la culpa de lo que pasó en 2008 fue de Zapatero ahora los culpables son los mercados. Todos lo dicen como un sacerdote que pide perdon a su dios sacrificando un carnero en un altar. ¡Perdona nuestros pecados! ¡Haz que vuelva la lluvia! Ninguno aporta ninguna razón para nada y luego se embarullan en un nosequé de la prima de riesgo para darse la razón.
Que le echen la culpa a Zapatero, al muerto político, no va a arreglar nada. Tampoco hacía que llegara la lluvia sacrificar vírgenes en vez de carneros. Tampoco pensar muy fuerto que todo era un problema de confianza y credibilidad. Lo que parece que tenemos es una crisis de mediocridad. Parece que nadie en posición de hacer algo entiende el problema y quien realmente entiende lo que está pasando se está forrando con la situación.
Tampoco necesitamos a predicaemprendedores asegurando que esta es una gran oportunidad para hacer negocios. Ya sé que la dificultades sacan lo mejor de nosotros pero siempre en lo que respecta a la propia supervivencia, no a arreglar los problemas de los demás.
Ya hace tiempo que digo que esta situación no tiene salida, que lo que hemos vivido durante los últimos 70 años fue la estela de la Segunda Guerra Mundial. No hay una luz de seguridad social y pensiones para todos al final del túnel. No es involución sino la realidad.
Cada vez que lo pienso me gusta más la idea de la ingeniería social. Se ve que se nos da muy mal eso de gobernarnos.
